Para aclarar un poco esta polémica que viene desde hace días con respecto al libro de Jorge Bruce "Nos habíamos choleado tanto". Sobre el racismo, el "choleo", sus antecedentes, cambios, formas...
Este jueves 27 de marzo de 11 a 1pm en el Instituto de Estudios Peruanos Horacio Urteaga 694, Jesús María Libre. Puntual.
La cultura del videojuego crece y crece cada día (según estadisticas, en algunos países se venden más videojuegos que discos y libros juntos). Hay nuevas consolas: Wii, Playstation 3, XBox, otras de bolsillo; y juegos que abarcan diversos temas. No hay excusa para no jugar. Es algo normal, ya que los videojuegos nos ayudan de diversas formas: coordinación visual-manual, organización y distribución racional de recursos, solución de problemas, entre otras cosas. Es decir, son una nueva y mejor forma de aprender o mejorar habilidades.
Hace algunos años los principales consumidores de éstos eran los niños y jóvenes que finalmente, llegando a una determinada edad, los dejaban. Ahora esa generación y las siguientes vienen adaptando los videojuegos a su vida cotidiana, gracias también a la mejora notable en las consolas y, obviamente en el diseño y trama del juego. Entonces: ¿Por qué no seguir jugando?, ¿Por qué no ganar dinero?, ¿Por qué no vivir de esto?
Second Skin es un documental sobre 7 gamers de WoW (World of Warcraft), estos nuevos personajes que están “un poquito más metidos en los juegos de pc y los videojuegos”, y cómo han amoldado estos juegos de pc a su vida; algunos le dedican más horas de lo normal, otros viven de esto e incluso otros son “personajes” en la vida real tanto como en el juego. Se observa también la extensión de todas las construcciones sociales a un mundo virtual creado para tener una vida real-fantástica que termina abosrbiendo al usuario. Habrá que ver todo el documental para entender un poco más si es un vicio, una necesidad de estos tiempos, una enfermedad, simple diversión o un estilo de vida. Por ahora, el trailer:
Nuevo ciclo, algo de flojera, pero ganas también. Bueno ahí queda mi parte “personal”, lo que quería tratar ahora es sobre el post en el blog Homo Economicus titulado: ¿bienvenida PUCP?, relacionándolo con lo que he visto este inicio de clases.
Dejo algunos párrafos que considero importantes:
“Por un lado se ha eliminado el Ciclo Inicial, pero por otro se ha dado mayores facilidades para el ingreso de los estudiantes. Nuestra Universidad siempre se caracterizó por —a lo mucho— otorgar 50 puntos en el examen de admisión a los alumnos dentro del QUINTO superior de los colegios. Ahora, como en muchas otras universidades privadas, se ha implementado un programa de ingreso por TERCIO superior.”
Primer punto que quiero tratar. Hoy vi demasiada gente en el campus, o al menos por donde estuve (Letras-Arte-Sociales), y no, no era hora de la bienvenida de cachimbos. En la puerta, donde había una cola inmensa, luego en el tontódromo y en los pasillos. Creo que la infraestructura de las facultades, incluso las de generales, no está diseñada para tanta gente. Aunque ciertamente los salones sí, y digo esto porque tengo entendido que ahora los T’s son de 70 personas para arriba. No pude evitar, ya que eran muchas, ver las caras de molestia de algunos estudiantes. Esto me llamó la atención, ya que parecía más un reproche a los cachimbos que una molestia por encontrar espacios reducidos por donde transitar. Escribo esto no por animadversión alguna con los ingresantes, porque ellos solo postularon a la universidad que creen es la adecuada, sino por retratar el ambiente que se sintió.
“Pero lo que más llama la atención es que el Edificio MacGregor es más de lo mismo. No es una facultad de algo”. (…)”y no me cabe la menor duda de que, ante el evidente incremento de los alumnos en EEGGLL, muchos de ellos tendrán clases allí.”
Cierto, creo. Conversando por ahí todo indica que desde el próximo ciclo los alumnos que ingresen a letras tendrán sus clases ahí y, eventualmente, se convertirá en un nuevo “Z”… uno muy cerca de la puerta. A modo de opinión personal, creo que el MacGregor rompe con todo el urbanismo de la universidad y, peor aún, está frente a arte: una cachetada a los alumnos de esa facultad que, como sabrán algunos, está construida con asbesto y se está viniendo abajo. Espero que le den un buen uso al MacGregor, que sepan administrar bien sus espacios, porque en fin… ya está hecho (¿Facultad de música?... me lo vienen repitiendo hace 2 años).
Para terminar, algo sobre el examen de admisión y los exámenes post-examen de admisión. No sé si tiene mucho sentido tomar exámenes de conocimientos y redacción con el floro de que “el alumno no está preparado, todavía”. Los alumnos que no pasan esos exámenes tienen que llevar, por ejemplo, introducción a la historia o análisis de textos. Esto lo debería tomar en el mismo examen de admisión, si es que quieren medir a todos los alumnos con la misma vara. Y no justificar que ya no hay ciclo inicial para crear nuevos cursos en la currícula de EEGGLL. Además esos cursos “introductorios” son a la vez preámbulo de un curso también es introductorio, como todos los de Estudios Generales, que son para “ampliar la visión del alumno”, porque en facultad es ya donde se ve a fondo.
Nada más, para comenzar clases. Ah y ni hablar de los problemas políticos de la PUCP.
Vi este video y pensé: “no lo pudo haber dicho mejor”. Treinta segundos, un director conocido y un mensaje más que claro. Estoy de acuerdo, pero lo que me motivó fue el conflicto que hay cuando uno se “resiste” a la modernidad, a este proceso que todo lo transforma (lo hace más pequeño si es posible), lo mejora entre comillas, que es salvación para unos y decadencia para otros. Concretamente el video trata sobre lo tonto, y estoy de acuerdo, que es ver películas en un teléfono móvil. Personalmente me parece algo extraño esperar que alguien vea una película entera en una pantalla tan pequeña, se pierden detalles, se le da poco valor al trabajo realizado por el director. Aunque hay varios factores que entran en juego: placer, comodidad, entretenimiento, “experiencia” y un largo etcétera. Como debería ser siempre, lo mejor esta en los comentarios. Ah, ojo que nunca dice iPhone, pero en realidad es un golpe bajo adelantado para lo que pretende Apple, me refiero a la iGeneration, que será tema de otro post.
Ahora viene lo bueno, un análisis de la visión que se tiene hoy de la tecnología: como salvación (?) o entendida como amenaza en el contexto de la modernidad. Obviamente análisis propio de un torpe, pero feliz, principiante.
Cierto es que lo que hoy se considera como una amenaza (para el arte, la persona, el trabajo) antes era visto como una promesa, aunque siempre con un triste final: catastrófico en algunos casos, pero no había duda de que la tecnología nos iba a traer grandes satisfacciones. Ya desde Marx y sus fuerzas productivas se hablaba del “con qué”, así todo avanza, va cambiando: mejora. La economía, las relaciones sociales y la persona van acorde con el proceso y con lo que día a día se entiende por modernidad. Si la producción es buena, entonces los avances tecnológicos son buenos; eso hasta romper con Marx. Luego se puso la esperanza en reducir cada vez más el trabajo del ser humano, se soñaba y se sigue soñando con una época donde robots u otros aparatos ayuden y si es posible realicen la mayoría de tareas humanas. Hasta ahí bien, creo.
Todo cambia y cambiará: se reducen precios, tamaños, costos de producción, todo es portátil y descartable. Ahora la mayoría de cosas que salen al mercado son todo-en-uno, en especial los celulares, que es en parte el tema principal del video y de este post. Y es que ¿dónde queda la esencia de las cosas?, acaso se va con el tamaño o se reduce hasta el mínimo, pero ¿está? Tomar fotos con la cámara del celular, ver películas en el mismo, poner toda la discografía de un grupo en un simple cd mp3, todas tus canciones en el ipod, etc. Todo se sintetiza, pero también se le resta importancia: acá entra el valor. El valor de las cosas, cuántas y por cuánto dinero las puedes tener; es por naturaleza humana, como plantea Simmel, que uno no desea lo que está fuera de nuestro alcance, pero tampoco lo que está muy cerca. Ahora, lo que acabo de decir sobre el valor se deforma en estos días ya que es necesario tener distintos aparatos para nuestro quehacer diario, nuestra vida social, sentimental, para aparentar, y otros motivos diversos. Entonces: el valor pierde valor.
Sobre la pregunta abierta unas líneas arriba: ¿dónde queda la esencia? Se pueden ensayar varias respuestas. Tal vez sigue ahí, solo que sintetizada; tal vez ya no; puede ser que hace tiempo que nos abandonó; ¿hubo alguna vez esencia desde que se retrato, por ejemplo, un paisaje en una foto? La naturaleza quedando reemplazada. También, quién sabe si es posible disfrutar de una canción o un disco en el celular o en el mismo equipo de sonido; o ¿sólo la música tiene esencia cuando se toca en vivo? Con estos ejemplos también planteo la pregunta sobre si la esencia es algo eterno o efímero, incluso la esencia humana. Ambas son preguntas abiertas por supuesto, que no pienso ni pretendo responder; al menos no todavía y quién sabe cuando. Se sabe lo que es esencia por definición al menos, pero hay un debate muy intenso sobre si realmente existe o existió. Supongamos que existe: está entre nosotros, en cada cosa que hay. Listo. ¿Cuánto tiempo le queda entonces? Si es que se sigue haciendo todo más pequeño, práctico y descartable; si lo de ayer ya no tiene uso (gracias a la hiperproducción tecnológica), en consecuencia todo se resume a la inmediatez. Parece que “el ahora” le va quitando terreno a lo que entendemos por esencia, y ésta parece importar menos.
La mejor manera de evitar esto es saliendo de los aparatos todo-en-uno, aunque esto implicaría un problema de espacio, comodidad, traslado; aspectos que son importantes hoy en día al momento de comprar un producto. Así que está algo difícil. Otra sería crear más conciencia sobre como deben ser realmente las cosas, es decir: crear conciencia sobre la utilidad de un aparato y como éste no debe ser reemplazado por otro que haga dos o tres funciones a la vez, porque así se reduce el desempeño del objeto y los resultados que obtiene. Es como con una persona, se aprovecha más el trabajo de una sola realizando una función específica que el de una persona que realice diversos trabajos todos hechos a medias, porque finalmente el que mucho abarca poco aprieta. Se ve algo complicado que modernidad y esencia puedan convivir.
Algunos conflictos que se perciben con todo este asunto de la revolución tecnológica y el bien del ser humano abarcan muchos aspectos diversos, desde el histórico hasta el social-cultural. Uno de los más interesantes el debate que se ha presentado entre los que tienen una excesiva fe en lo bueno que nos puede traer la tecnología, obviamente también se dan cuenta de los aspectos negativos, y los que tienen un gran temor o desconfianza frente a los avances que se van dando. Dos posturas que parecen irreconciliables. Cada uno ve al otro como equivocado, que le ponen demasiada fe a algo que en exceso traerá consecuencias negativas, los otros, que parecen “vivir en el pasado”, sin esperanzas de cambio, de renovación. No hay puntos medios, o estás o no, colocarse en medio de estas dos posturas es, sinceramente, lo peor que se puede hacer. Porque o avanzas o regulas, no hay necesidad de moderar acá. Es preciso aclarar que a las personas que les parece mejor regular el avance tecnológico no son partícipes de estos “revivals” y cultos al pasado, tan de moda ahora. No sufren de ochentitis, ni de setentitis, No. Tampoco piensan que “todo tiempo pasado fue mejor”.
Entonces, contando los días para la muerte de la esencia, hay otro debate en pie: que mucha gente a la hora de escuchar música, tomas una foto, ver una película, no busca llegar y captar la esencia de las cosas. Sólo lo hace por entretenimiento, nada más simple que eso. Es que, a veces ¿no se busca solo pasar el rato? En este conflicto por la búsqueda de entretenimiento y no de la esencia se toca un punto clave: que no todo tiene que ser así de serio, que a algunos no les interesa experimentar de una manera trascendental una película, o captar la esencia de la naturaleza e una pintura o una foto. Aquí es posible, necesario diría, discrepar con David Lynch y la generalización que hace diciendo que no se puede ver una película en un celular, que no se captaría la esencia, el mensaje, o como quieran llamarlo. Puede verse en cualquier lado, las personas hacen las cosas no por llegar a su principio básico, a lo trascendente, o para tener una experiencia semidivina con el arte; sino que lo hace porque necesita entretenerse. Y lo hace en un celular… tal vez por comodidad.
Como van las cosas, se auguran más avances, más celulares que personas (aunque creo que ya hay), hipermegaproducción tecnológica, en consecuencia más aparatos descartables. Una vida más apurada para todos, más comida rápida por más que se quiera imponer la slow food, más OLPC’s, nuevas drogas, creative commons para todo el mundo; es decir, más cosas en qué pensar y menos cosas para entretenerse, no habrá tiempo: otra vez modernidad.
MONO es una banda japonesa de post rock y sinceramente una de las que más sorprende ya que, debido a este “boom” de bandas instrumentales, basta con oír unas cuantas para saber de qué trata esta etiqueta del post rock. Con un sonido más oscuro que otros grupos, MONO sabe cautivar al oyente y cómo crear esa tensión necesaria para después sorprendernos con una avalancha de sonidos realmente furiosa y contundente. Ellos ya se han colocado entre los grandes del género, como Godspeed You! Black Emperor, Explosions in the Sky, Mogwai, etc. Aunque logrando crear su sonido característico.
Pasemos al disco. The Flames Beyond The Cold Mountain empieza de una manera tranquila, con una atmósfera de sonidos oscuros que van y vienen, un motivo de guitarra en trémolo y una sensación de melancolía que empieza a develarse. Poco a poco confluyen todos los instrumentos, se agrega el bajo y la batería. Ya la canción agarró forma, una melodía se mueve por toda la canción tomando forma solista y luego unos feroces acordes para dar peso y morir en un largo “fade” que lleva a una especie outro.
A Heart Has Asked For The Pleasure es de las canciones cortas del disco. Con un sonido íntimo y limpio nos devuelve la calma, nos prepara para la siguiente canción. Yearning es pura tristeza, lentamente se va combinando con demás sensaciones llegando a hacernos sentir fuera de lugar por breves momentos, con algunos guiños de esperanza va tomando fuera hasta explotar y atraparnos en todo ese caos, esa desesperación de sonidos acompañados por un cuarteto de cuerdas al fondo que cae a la perfección. Como todo: tiene que terminar; pero nos deja con una extraña sensación.
Are You There? te hace pensar. La melodía es intrigante y sigue así durante toda la canción acompañada por violín y cello. Es una canción que se va armando lentamente pero arrastra la tensión e incertidumbre de los tracks anteriores. The Remains Of The Day es otra canción corta, pero a diferencia de A Heart Asked For The Pleasure, esta canción es más dulce. El piano es el protagonista principal acompañado por cuerdas que crean un ambiente tranquilo e íntimo.
Mono cierra el disco con Moonlight, que fácilmente es lo mejor que ha hecho el grupo y en general una de las mejores canciones de post rock. Empieza algo fría y calmada, luego sigue su curso hasta que entran el violín y el cello que cambian radicalmente la canción: le dan un toque de majestuosidad por un momento. Con una guitarra en trémolo y la otra tocando una melodía tenebrosa empieza a hacerse lo que podríamos llamar la segunda parte de la canción. Toma más fuerza y ritmo, poco a poco se va haciendo más grande. Aquí MONO demuestra que sabe trabajar una melodía, nunca repite o alarga una parte más de lo que puede dar, no le falta nada y tampoco le sobra. Todo esta en la medida justa, así Moonlight se hace épica y cierra con broche de oro esta experiencia.
Como conclusión, You Are There de MONO es el disco de post-rock ideal. El que te lleva a lugares deseados, aunque no en el primer viaje, el que puedes escuchar tanto a bajo como a alto volumen y te genera la misma sensación, el que cae bien en cualquier momento; podría seguir escribiendo más y más (y más), pero redundaría en lo mismo: que este disco es genial y debes escucharlo.
Devastador. Eso es lo primero que se me vino a la cabeza después de escuchar por primera vez el disco de este cuarteto estadounidense; y es que su tech/math metal te deja sin aliento durante 40 minutos aproximadamente. Pero hay dos maneras de “devastar” al oyente: una es destrozarle los oídos y la otra deleitarlo. PsyOpus hace una mezcla de ambas cosas.
Cuando no se ha tenido mucho contacto con este tipo de música, la experiencia de escuchar Our Puzzling Encounters Considered no pasa de los 5 minutos. Los sonidos desenfrenados, caóticos, los gritos y demás ahuyentan a la mayoría de incautos que llegó a este disco en busca de algo coherente. Si se puede resumir este disco con una frase, ésta sería “paranoia hecha música”.
Es difícil de disfrutar a pleno este disco, ya que todo parece parte de una misma canción que no tiene sentido, o al menos no mucho. Tampoco hay una estructura en las canciones, parece un jam inacabable, una muestra de capacidad técnica, de shredding, de gritos, platillos y tambores, todos ejecutados a la misma vez; casi como recibir una golpiza. Hay pocas partes lentas o mejor dicho “entendibles” en este disco, una de ellas, quizá el mejor ejemplo sea Siobhan's Song que, para ser sincero, es muy bonita y hasta arranca una sonrisa. Al fin un momento de calma, pensé.
Si bien estos muchachos poseen un gran conocimiento musical/técnico es muy duro de apreciarlo en canciones que no parecen tener una dirección exacta. En cuanto a los instrumentos, lo que más resalta es la guitarra, que muchas veces no suena como tal y menos que este tocando un buen guitarrista como Christopher Arp. El bajo, Fred Decoste, y la batería, Jon Cole, le brindan a Arp una buena base para que suelte todo su arsenal y la voz, Adam Frappolli, está a la par con todo este caos.
Ya que no todo es malo puedo decir que me parece casi imposible que se haga algo más extremo que esto y que todavía se pueda llamar “música” aunque, quién sabe, los gustos se hagan más y más radicales. Admiro el control y la técnica que cada uno tiene sobre su instrumento, se nota que le han dedicado mucho tiempo a su formación musical y no es simplemente ruido lo que hacen, aunque muchas veces lo parezca. La “pirotecnia” de la guitarra es simplemente genial, sobre todo en “Whore meet liar” e “Insects” y cada vez que se vuelve a escuchar el disco se descubren mucho más sonidos interesantes. PsyOpus también sabe empaquetar bien todo el poder de sus canciones, siendo más brutales las de menor duración: “Whore meet liar”, “Play some Skynyrd” y “Our Puzzling Encounters Considered”.
Para los amantes de este estilo, el disco va a ser refrescante y ciertamente cumplirá con todas las expectativas de rigor, pero eso si, abstenerse los de oídos sensibles.
Esenciales:
The Pig Keeper’s Daughter Whore Meet Liar Insects Siobhan's Song